Fueron corriendo lentamente los días. Con inmutable marcha sucedió la noche al día y viceversa, como el flujo y reflujo de un mar infinito. Transcurrían y volvían a empezar las semanas y los meses, y la interminable serie de los días parecía formar parte de un día solo.
Día inmenso, taciturno, marcado por el ritmo igual de la sombra y de la luz y el de la vida del ser embotado que sueña en el fondo de su cuna, el ritmo de sus necesidades imperiosas, ya dolorosas, ya regocijadas y tan regulares que el día y la noche que las traen parecen traídos por ellas. El péndulo de la vida se mueve con pesadez. El ser se absorbe por completo en su lenta pulsación. El resto no es más que sueños, fragmentos de sueños informes y hormigueantes, polvo de átomos que bailan impulsados por el azar, torbellino vertiginoso que pasa produciendo risas u horror. Clamores, movibles sombras, formas que hacen horribles muecas, dolores, terrores, risas, sueños, sueños...; todo ello no es más que una sucesión de días y noches... Y en medio de aquel caos, la luz de los ojos que le sonríen amistosamente, el torrente del placer que, saliendo del cuerpo materno, del seno hinchado de leche, se difunde por su cuerpo, la fuerza que hay en él, la fuerza enorme e inconsciente que se va amontonando, el hirviente océano que ruge en la estrecha prisión de aquel débil cuerpo de niño. Quien pudiese leer en él vería mundos medio sepultados en la sombra, nebulosas que se organizan, un universo en vías de formación. Su ser no tiene límites. Es todo lo que es...
Transcurren los meses... En el río de la vida empiezan a surgir islas de memoria. Son en un principio estrechos islotes perdidos, rocas que apenas sobresalen de la superficie de las aguas. En torno de ellos, más allá de ellos, en medio de la aurora que despunta continúa extendiéndose la inmensa capa de las tranquilas aguas. Luego aparecen nuevos islotes que dora el sol.
De esta suerte surgen del abismo del alma ciertas formas y escenas de extraña nitidez. En el día sin límites que comienza, eternament invariable, con su monotono y poderoso balanceo, empieza a dibujarse la ronda de los días que se dan la mano, y se distinguen sus perfiles, ya risueños, ya tristes.
Pero los eslabones de la cadena se rompen constantemente y los recuerdos vuelven a unirse, por encima de las semanas y los meses...
Romain Rolland
La pantera
En el Jardin des Plantes, Paris
Su vista está cansada del desfile
de las rejas, y ya nada retiene.
Las rejas se le hacen innumerables,
y el mundo se le acaba tras las rejas.
Blando andar de flexibles fuertes pasos,
y girar en el más pequeño círculo
como danza de fuerza por un centro,
en que su voluntad se halla aturdida
Sólo a veces se alza mudo el telón
de sus pupilas. Luego entra una imagen,
va por la tensa calma de sus miembros
y se extingue al llegar al corazón
Rainer María Rilke
Nuevos Poemas
EVERNESS
Sólo una cosa no hay. Es el olvido
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.
Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores
y las puertas se cierra tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores